Terapia a un recuerdo. Novela policiaca de misterio ambientada en el Estado de Luisiana en los años 30
Terapia a un recuerdo. Novela policiaca de misterio ambientada en el Estado de Luisiana en los años 30
Terapia a un recuerdo. Novela policiaca de misterio ambientada en el Estado de Luisiana en los años 30

Cap. 1 Retrato de un soldado

No era su afición por la fotografía la que había animado a aquel hombre sudoroso y pálido, a visitar la exposición que sobre los soldados estadounidenses a su regreso a casa tras la Segunda Guerra Mundial, se realizaba en la Art Gallery de la ciudad de Saint Paul, en el Estado de Luisiana. El tema de la misma aunque sobradamente conocido para él, tampoco había influido en su interés por acudir a la muestra. Lo que aquel individuo de mirada perdida y andar angustiado realmente buscaba, era evasión y matar un tiempo que para él no pasaba, mientras asimilaba los informes médicos que acreditaban su grave estado de salud y su inminente final.
Paseaba aquel tipo por la sala saltando de fotografía en fotografía con la atención completamente dispersa, cuando creyó sentir cierta afinidad hacia el retrato de un soldado que en una de ellas se mostraba, y al acercarse pudo comprobar con estupor y sorpresa, que era su propio rostro el que veía en la fotografía que miraba. Al verse reflejado a sí mismo de forma tan nítida en aquella imagen, quedó completamente desconcertado, pues en su memoria no había un solo recuerdo sobre la fotografía ni del momento en que había sido tomada. La observó una y otra vez; se separó de ella y se acercó de nuevo; dio una vuelta por la sala intentando calmar sus nervios y finalmente regresó. Para su asombro y aunque la imagen mostraba el rostro de un hombre un poco más joven y vivo que él, no tuvo la menor duda de que aquella era su propia cara. Estaba tan impactado, que tuvieron que pasar unos minutos hasta que reparó en la información que acompañaba a la fotografía, pues a la derecha de la misma había una descripción que finalmente acabó leyendo. La fotografía se titulaba “El valiente niño sin voz”, y pertenecía al archivo gráfico de un conocido periódico de la ciudad llamado The Reporter. Según en ella se decía, el hombre del retratado era un héroe de guerra condecorado con la Medalla de Honor del Congreso de los Estados Unidos, y la fotografía había sido tomada en un lugar cuyo nombre le produjo a aquel anónimo individuo, un escalofrío al leerlo: “Hospital Psiquiátrico Saint Denis”.

Cap. 2 Un cadáver en El Paraíso

Vio entonces Michael que una de las manos de la fallecida agarraba con firmeza un papel que no quería soltar, pues el rigor mortis ya había hecho acto de presencia en el cuerpo de la víctima. En el esfuerzo por arrebatárselo, se escuchó en toda la calle el crujido de los huesos al romperse cuando Michael consiguió abrir la mano y hacerse con el billete de autobús al que la muerta se aferraba.

Cap.3 El humeante puro del señor Maxwell

El viejo Maxwell rumió en voz baja varias veces el nombre de Allan Robinson, levantando la cabeza para mirar desafiante y de forma reiterada al despacho del redactor jefe, recordando cómo Allan Robinson había llegado recién salido de la universidad, para ocupar en pocos meses el cargo por el que él tantos años había luchado. Pensó entonces que tener a su cargo a un aprendiz inútil contratado por Allan Robinson, era un arma que podía utilizar contra el redactor jefe en cuanto algo fallara, por lo que se abalanzó sobre Michael estrechándole calurosamente la mano.

Cap. 4 El camino del río

―Estas cabañas abandonadas que usted ve aquí a los lados de la carretera, durante la Gran Depresión fueron lugar de fiesta en el condado de Bradford. Cuando las abandonaron los pescadores y los cazadores de caimanes que inicialmente las habían construido, las transformaron en tugurios a los que iba a parar lo peor de cada casa. Cuentan que algunas noches era casi imposible transitar por aquí con el coche. Había vehículos aparcados en las cunetas, gente por el camino bebiendo y bailando, saliendo y entrando en los bares sin cesar... y todo ello a pesar de la Ley Seca. Si buscaba algo ilegal en aquel tiempo, fuese lo que fuese, sólo tenía que pasar una noche por “el camino del río”.

Cap. 5 El niño sin voz

―Todo sucedió en el verano de 1932 ―afirmaba la señora Jefferson mientras Michael Tunner tragaba con dificultad y a pequeños sorbos la sopa fría de tortuga―. Ryan Cooper debía de tener por aquel entonces unos diez u once años. Recuerdo que desde el día en que su madre los abandonó, Ryan se levantaba al amanecer, y mientras el resto de los niños de su edad disfrutaban de los calurosos días de verano junto al río, él se ocupaba del negocio familiar, que no era otro que una pequeña estación de servicio que en aquellos tiempos se ubicaba a tan sólo unos pocos metros de aquí.

Cap. 6 La toalla roja en el porche vacío

...Cuando llegamos al remanso del río en que nos bañábamos, Fanny no se zambulló en el agua como el resto. Yo me senté a su lado y Fanny me contó que admiraba a Ryan Cooper por no depender de nadie para sobrevivir. Lo envidiaba por no tener que escuchar los gritos de su padre al llegar a casa; lo compadecía casi tanto como a sí misma por no tener a su lado una madre que lo amara; y le apenaba verle solo y sin amigos cada día. Desde aquella tarde en la que Fanny se dirigió por primera vez a Ryan Cooper, los tres nos hicimos buenos amigos y ellos en particular, inseparables.

Cap. 8 El hombre gordo del traje blanco

...Desde el exterior se intuía la silueta de un hombre gordo de impecable traje blanco, sentado cómodamente en el asiento trasero del vehículo, con las manos apoyadas en la parte superior de un negro bastón que parecía clavado en el suelo. La presencia de aquel vehículo en el pueblo, fue sin lugar a dudas la causa de la desaparición de Ryan Cooper.

Cap. 11 La chica del corazón rosa y el hombre sin luz

...Has de saber, que tu madre volvía locos a los hombres. Hombres que ansiaban conquistar su corazón rosa y así conseguir un hueco en su equipaje y viajar con ella para siempre aunque sólo fuese como un recuerdo. La mañana que tu madre llegó al pueblo y bajó del autobús y cruzó la calle, sentí que se llevaba toda la luz del día tras de sí. Mi propia luz se fue tras ella sin preguntar...

Cap. 13 Una ventana abierta ilumina la noche

...El fuego se propagó tan rápido que incluso sorprendió al propio Ryan que se tuvo que separar de las llamas. En unos segundos la vieja estación de servicio donde había crecido, saltó por los aires. Ryan no pestañeó y se mantuvo en pie contemplando las inmensas llamas que devoraban su pasado. Todo el pueblo acudió con la intención de sofocar el incendio, pero el temor a una nueva explosión los mantenía alejados, mirando. Ryan parecía disfrutar con aquella imagen; todo el pueblo contemplando su obra y él, en la oscuridad, observándolo todo...

Cap. 15 Tres disparos en el corazón

Michael Tunner dejó a la señora Jefferson y a su hijo Tom en el interior del Jefferson Diner-Café, y se dirigió a su próximo objetivo pensando en cómo se las arreglaría para hacer el camino de vuelta a la ciudad, pues quería entrevistar al Alcalde Jhonson, detenerse en el orfanato de Santa Ana, y terminar el día haciendo una visita a Jewelin Harrys en la prisión del Estado pero... lo que no no podía ni imaginar Michael Tunner, era que aquella había sido su última entrevista, y que jamás regresaría al periódico.

Cap. 16 Una vez a la semana

El sargento Rodríguez levantó la vista de la tumba de su hijo, y a lo lejos vio acercarse al detective LeBrelle que subía la pequeña colina con un andar lento, tan lento, que a Rodríguez le dio la impresión de que caminaba hacia atrás. Se acercaba LeBrelle respirando con dificultad y arrastrando su exceso de peso, con un gran pedazo de pastel en la mano y la boca llena. Esa era la imagen que Rodríguez tenía de LeBrelle desde que se lo habían asignado como compañero tan solo unas semanas atrás, y cada vez que lo veía, LeBrelle no le defraudaba.

Cap. 19 La venganza de Mike y Josh Smith

―El padre de Mike y Josh Smith ―inició así su relato la señora Jefferson ante la completa atención del sargento Rodríguez, que veía con curiosidad cómo aquella mujer se preguntaba y contestaba a sí misma con tal de poder hablar―, había servido en el ejército durante más de veinte años y allí había aprendido a luchar y a no tener piedad. Un buen día, arrancó a los dos pequeños gemelos de los brazos de su madre y se los llevó a la cabaña que él mismo había construido en las montañas, alejada de cualquier atisbo de civilización.

Cap. 20 El insaciable LeBrelle

―Hace unos días ―prosiguió LeBrelle empapado en sudor―, no recuerdo si lo leí en alguna revista o lo escuché en uno de esos programas nocturnos de la radio; contaban que cuando los primeros occidentales llegaron a las lejanas tierras de la Polinesia, supongo que hablaban de el capitán James Cook o de algún otro marino posterior, las mujeres de aquellos lugares mantenían relaciones con los recién llegados como muestra de cortesía. Era su cultura y la respeto, pudiendo incluso llegar a envidiarla, pero lo que me quedó grabado de lo escuchado sobre aquel primer encuentro, fue que a un joven grumete de apenas diecinueve años, tuvieron sus compañeros que arrastrarlo al barco para evitar su muerte por agotamiento tras días de agradecimientos y bienvenidas...

Cap. 22 En defensa propia

―Mientras Carlyle se dedicaba a comprar alcohol para la barbacoa de esta noche ―comenzó diciendo irónicamente el detective Thomas con una sonrisa dirigida a su compañero―, yo me acerqué al Hospital Psiquiátrico Saint Denis para interrogar a la doctora Jennifer Speak. Me recibió en su despacho y al preguntarle por Michael Tunner y para mi sorpresa, inmediatamente me condujo muy misteriosa, hasta uno de los pabellones donde tienen a los pacientes...

Cap. 23 Whisky a gogó

―Cuando volví del ejército ―continuó LeBrelle ante el asombro de Rodríguez―, regresé a la casa de mis padres. Estaba deseando verles de nuevo y esperaba que me recibieran con los brazos abiertos. Nuestro hijo se ha licenciado en el ejército, pensaba que dirían orgullosos. Aquel día llovía a mares y llegué andando desde la estación de autobuses donde esperaba que ellos estuvieran aguardándome, pues les había enviado una carta indicándoles la fecha y la hora de mi llegada. Pero en la estación no había nadie. Llamé al timbre de la puerta de la casa familiar pero nadie abrió. Miré por una ventana y vi cómo corrían a esconderse para que no les viera. Seguramente ni tan siquiera recordaban mi carta. ¡Aporreé la ventana! Les grité que les estaba viendo. ¡Que me abrieran! Pero se quedaron quietos y escondidos mientras yo me mojaba afuera...

Cap. 24 Percepción

―El comportamiento humano ―comenzó seria y a la vez cordial la doctora Speak mirando a sus nuevos y nerviosos compañeros―. La percepción de la realidad. El comportamiento en función de esta percepción. La realidad en sí. Existen numerosos estudios que demuestran que nuestra mente crea su propia realidad en función del entorno, la experiencia o las creencias. No hay una realidad común. Cada uno de nosotros vivimos nuestra propia realidad, pues percibimos de forma distinta los unos de los otros. Aquí podrán comprobar cómo la mayoría de los pacientes utilizan la percepción, para en función de ella crear su propio mundo; su propia realidad.

Cap. 30 Terapia a un recuerdo

―¿Sabe que Jewelin Harrys está muerto? ―interrumpió Ryan Cooper a la doctora Speak―. Ayer mismo lo encontraron tendido sobre una cama empapada en sangre en un motel de mala muerte en El Paraíso. Pero eso sólo es lo que cree la policía. Yo puedo asegurarle... que Jewelin Harrys no ha muerto; aunque debería. El tipo que encontraron tenía la cara desfigurada y no podrán identificarlo fácilmente. Yo podría decirles quien lo hizo si me diesen la oportunidad de salir de aquí.
Ryan Cooper acercó su cara a la cara de la doctora Speak y le habló en voz muy baja.
―Pero usted no ha venido a oír eso. Usted ha venido a mostrar a sus nuevos amigos sus dotes y sus capacidades como psiquiatra. No se preocupe doctora, no la dejaré quedar mal. Cuando salga de aquí le darán un aplauso y un caramelo como recompensa.

Cap. 31 Un informe peligroso

...Se levantaron ambos de la mesa y dieron la comida por concluida. Salieron del restaurante Jambalaya y anduvieron unos metros juntos hasta que llegó el momento de separarse y de tomar un camino diferente. Cada vez que esto sucedía y era con frecuencia, suponía para cada uno de ellos una sensación contradictoria. Gran parte de su adolescencia la habían pasado bajo el mismo techo en la casa de la familia Robinson, que había acogido a Jennifer y ayudado a ésta en sus estudios. Allan se había enamorado de Jennifer el mismo día que ella entró por la puerta, y desde entonces había intentado repetidas veces conquistar el corazón de su amiga, llegando a ser, con el paso de los años, casi una simpática rutina...

Cap. 34 Una serpiente en los pantanos

Escuchó los pasos del cazador acercarse a él, y vio la punta del arma salir de la frondosidad del pantano. Quiso arrastrarse entre las raíces y los charcos, pero su esfuerzo fue inútil. El cazador estaba ante él apuntándole con una escopeta de caza a la cara. Pero ésta, era una sorpresa nunca imaginada por LeBrelle, pues el cazador no era otro que...

Cap. 35 Mayela: un domingo sangriento

Pero Rodríguez no miraba a LeBrelle. No lo escucha. Tenía los ojos en blanco mientras su vida se diluía como un azucarillo bajo la lluvia. De pronto la tormenta cesó y las nubes dejaron paso al sol que inmediatamente comenzó a calentar el agua recién caída, convirtiendo el suelo de Mayela en una alfombra de vapor en la que el alma de Rodríguez se desvanecía.

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