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Libro: Vampiros en el Caribe

Vampiros en el Caribe
Título: Vampiros en el Caribe

Autor: J Paulino Paulino | Editorial: Amazon | Año: 2016 | €: 0,99
Genero: Novela, Misterio, Juvenil, Fantástica, Romántica, Terror, comprar
Cazar demonios es un arte para Kari. No le tiembla el pulso a la hora de enfrentarse a ellos, aunque a veces, en aquellas cacerías, se pregunta si podría toparse con Lucifer. Su difunta abuela se lo enseño todo, las runas, la magia negra y a utilizar l

Descripción de: Vampiros en el Caribe

Kari es una cazadora de demonios. Adiestrada para combatir la oscuridad., pero su difunta abuela no le enseño todo, incluso, le aseguro que los vampiros no existían. Al descubrí su existencia, de una manera aterradora, Kari se ve indefensa, empieza a tener miedo, porque no sabe como combatirlos.
Un par de vampiros la secuestran, pero con el fin de que les ayude a encontrar al padre de todos los vampiros, ya que es el único que puede detener al causante de tantos chupa-sangres en la pintoresca ciudad de Santo Domingo., donde el caribeño sol puede reducirlos a cenizas, con un solo roce. A partir de ahí, Kari se ve envuelta en una cacería en su contra. Sus únicas amigas son arrastradas a conocer el mundo que Kari les había ocultado con tanto recelo.
El descubrimiento de un impresionante secreto, hace que Kari se plantee toda su vida. Y estará dispuesta a morir por ello. Sin embargo, sus nuevos amigos inmortales le apoyaran, dispuestos a dar su propia existencia por salvarla., ya que ella es la única que puede encontrar al padre de todos los vampiros. Solo él podrá detener al malvado ser inmortal, que desea liberal a su peor enemigo y mas temido ser entre la oscuridad: Lucifer.

Fragmento de: Vampiros en el Caribe

LA MORGUE
Me pase la tarde del domingo en la casa de Eli, hubiera preferido irme a mi refugio, a mi cabaña lejos del ruido de la ciudad y de todas las personas, pero Eli quería que la ayudara con los estudio y no podía negarme, pero cuando llegue a su casa y supe que lo que necesitaba era una modelo para practicar un maquillaje estuve al punto de irme, y si solo me quede fue por su súplica.
Esa noche cuando llegue a mi casa me puse a pensar en la conversación con el tío Guarionex y su familia y miles de cosa me vinieron a la cabeza, llegué a creer que me reventaría, no obstante, busqué consuelo en la almohada y me dormí tranquilamente, tan tranquila que había llegado tarde al trabajo y el señor Peralta me había echado la bronca.
Pero como siempre, se me entraba por un oído y me salía por el otro, que más me daba que se enojara por mi falta de puntualidad, no me despedirían, no hasta que Manuel dejará el cargo, además, mi mente estaba fija en una sola cosa, los cadáveres extrañamente sin sangre. Tenía que averiguar aquello, el instinto heredado de mi abuela para detectar cosas malas me lo advertía.
Eso explicaba el por qué me encontraba en el hospital Darío Contreras, así es, estaba dispuesta a llegar al fondo del asunto. Yo no era doctora, ni siquiera estudiante de medicina, y se estarán preguntando qué iba hacer con los cadáveres, no iba a practicarle una autopsia, no estaba tan loca, solo quería ver si en sus cuerpos había algún símbolo de satanismo o brujería, y dependiendo del símbolo sabría a qué me enfrentaría.
Tarde varios minutos en entrar al edificio, odio los centro médicos, me provocan una sensación extraña inexplicable, mis manos ya estaban sudadas y el ritmo de mi corazón se había alterado, pero tenía que hacerlo. Aunque no tenía muy claro cómo iba a entrar a la morgue.
Me ubique con el panel de indicaciones en la entrada del hospital y avance en su dirección tratando de controlar mi respiración, había varios doctores y enfermeras allí, por mi lado pasó, como un huracán, casi una veintena de personas que se acercaron al mostrador, no entendía lo que decían porque hablaban todos a la vez y casi a gritos, del pasillo que llevaba a la morgue salieron varios médicos por el alboroto, se unieron al grupo y trataron de tranquilizarlos, me quede como una boba por unos minutos viendo el escándalo en aquel lugar, pero gracias a dios un bombillo se encendió en mi cabeza.
Me acerque al grupo con sigilo, tratando de no llamar la atención, y poco a poco me fui metiendo en el pasillo hasta que me gire y eche a andar hacia la morgue, estupendo, había entrado.
El primer pasillo me llevo a otro, tan blanco como el anterior, los gritos de las personas en la entrada disminuyeron según avanzaba. Habían varias puertas a cada lado del pasillo de las que colgaban unas placas con los nombres de lo que se hacía allí, pero ninguno decía morgue o depósito, continúe avanzando y no sé por qué los pelos de la nuca se me erizaron, creo que el hecho de estar sola en un pasillo blanco y silenciosos daba esa sensación, no, el hecho de estar en un hospital me daba esa sensación, el silencio se convirtió en algo casi palpable y mi respiración era entrecortada, vamos Kari es solo un pasillo largo y silencioso, está bien iluminado, suspire.
Leí una placa, Sala de Investigación, me detuve un momento en esa, ¿Estarían allí los cuerpos de las víctimas para investigar la causa de la muerte?, abrí la puerta y eche una mirada al interior, solo había dos escritorios y un montón de papeles sobre ellos, cerré la puerta con sigilo y me sobresalte al escuchar un sonido extraño, mire al fondo del largo pasillo y entré cerré los ojos, había una puerta doble, el depósito, donde estaría lo que buscaba y de dónde provino el sonido, me mordí los labios, el pulso ya me taladraba los oídos, créanme, preferiría estar enfrentándome a un demonio en estos instante que estar allí, tomé aire y avance, solo di dos pasos y me detuve, tenía la impresión de que alguien me observaba, de que tenía los ojos puesto sobre mi nuca, me volví y al punto estuve de lanzar un fuerte grito cuando lo vi.
-Disculpa, ¿Te asuste?
-No – mentí, por supuesto que lo hizo – Es solo que no te escuche acercarte.
-Siempre me dicen lo mismo – admitió.
Era un chico joven, yo diría un poco más que yo, y por su aspecto pálido supuse que le habían dado una mala noticia, sus ojos eran de un color gris oscuro y su pelo castaño, sus rostro estaba liso, se supone que los adolescentes pasan por el trauma del acné ¿no?, pero este parecía que no conocía eso, y además era muy guapo y alto, sin embargo un pálpito bajo mi pecho me dijo que me alejara de él.
-¿Buscabas a alguien? – inquirió con una suave voz.
-Yo, pues, si – contrólate Kari – Mi tío trabaja aquí y he venido a verle - que otra cosa iba a decir, ¿Que esa noche salí a echarle un vistazo a unos cadáveres?
-No es un buen lugar para visitas – el tono de su voz ahora me erizo la piel – Pero en fin, quien soy yo para juzgarte – dio media vuelta y echó a andar – Hasta luego.
Me quedé mirando su espalda hasta que dobló la esquina del pasillo, nunca había conocido a una persona tan extraña y que me provocara semejante sensación.
Sacudí la cabeza y me concentré en lo que me había llevado allí, sería mejor que terminara cuanto antes y me largara, mire la puerta doble y avance, eso sí, no sin antes mirar por encima de mi hombro para cerciorarme de que no había nadie detrás de mí.
Volví a escuchar el mismo sonido de antes, era como si alguien dejara caer un melón al suelo, y provenía del depósito, no se notaba luz por las orillas de las puertas, eso quería decir que allí no había nadie, aunque estaba segura de que el sonido había provenido de adentro.
Mire a mi espalda, la idea de haber ido a la morgue de noche me estaba pareciendo una mala idea, vamos que tenía los pelos de punta y el corazón al galope, ya sé que no debería tener miedo, pero por algo lo tenía, aunque sabía que solo eran cuerpos inertes y yo podía ver sus almas de forma espectral, no obstante algo me mantenía asustada y no eran los cadáveres.
Cerré los ojos por dos segundo y empuje la puerta, el lugar estaba sumido en penumbra, apenas veía mi silueta en el suelo alumbrada por las lámparas del pasillo, di unos pasos y busque el interruptor en la pared con las manos temblorosa, lo encontré y lo encendí, me quedé sin aliento y petrificada por dos razones.
La primera, las cámaras estaban abiertas y los cadáveres reposaban inertes sobre las largas bandejas de acero inoxidable, solo que estaban decapitados y sus cabezas sobre el suelo.
La segunda, el acero filoso que se posó sobre mi garganta en cuanto encendí la luz.
-No deberías estar aquí – dijo una voz a mi espalda – Lugar equi…
Se interrumpió y olfateo mi piel, sentí su aliento sobre mi cuello y deseé gritar, pero el miedo me lo impidió, escuche unos pasos en el pasillo y rogué para mis adentros para que fuera algún médico de allí.
-Momento inoportuno – añadió.
Sentí el filo más cerca de mi cuello, sentí que el corazón se me detenía, sentí más que miedo, todo a mí alrededor se volvió borroso hasta quedar sumido en la oscuridad y lo último que sentí fue su aliento sobre mi cuello.
-Kari, cariño ¿Estás bien?
Abrí los ojos con lentitud pero la luz del techo me obligó a cerrarlos nuevamente, la cabeza me daba vueltas y tenia nauseas, a pesar de eso había identificado aquella voz ronca, era la del tío Narciso.
-¿Quieres que llame a un doctor? – preguntó con preocupación.
Volví a abrir los ojos y esa vez los obligue a quedarse abiertos, mi tío estaba inclinado sobre mí, pero su rostro era borroso, lo veía todo borroso.
-¿Qué ha ocurrido? – me sorprendió lo débil que sonó mi propia voz.
-Es lo que todos queremos saber.
Escuche unas voces, un poco subidas de tono, y entre ellas había una que conocía bastante bien, la del tío Guarionex, mire a mi alrededor, pestañee un par de veces y mi visión fue mejorando, me di cuenta de que estaba en una habitación de hospital, no recordaba la última vez que hubiera estado en una, para serles sincera yo no necesitaba de agujas para cerrar mis heridas, ni siquiera anestesia, no me enfermaba nunca, pero eso era algo de lo que hablaremos más adelante porque mi cabeza era un nido de pájaros y ellos revoloteaban a mi alrededor.
Varias personas entraron en la habitación, me incorporé a medias con la ayuda de mi tío y me fije en ellos. Eran cinco hombres, entre ellos estaba mi tío Guarionex, que no tenia buena cara, dos doctores que se quedaron de pie junto a la puerta mientras los otros dos se acercaban a la cama, no eran doctores y su pinta no me gustaba.
-Teniente, dele por lo menos unos minutos – dijo tío Narciso.
-¿Es que acaso no conoces la gravedad del asunto? – reprocho mi otro tío.
-Señorita Deschamps, soy el teniente Ortiz de la policía y necesito que responda a unas preguntas.
Lo mire con atención, mi visión aún me fallaba y todo a mi alrededor daba vueltas de repente, aun así me fije en el. Era de baja estatura y tenía una panza que parecía una embarazada al punto de dar a luz, su rostro era firme y sus ojos café me miraba con intriga sobre su rostro moreno, mire a su compañero, por lo menos no parecía una mujer al punto de dar a luz, yo diria que solo de unos seis meses, no pude evitar sonreír.
-¿Esto te parece gracioso? – ladro tío Guarionex.
-¿Qué ha ocurrido? – volví a preguntar.
-Es lo que queremos que nos diga – respondió el teniente – ¿Qué hacía usted en la morgue?
-¿En la morgue?
-Así es señorita, fue encontrada allí por unos médicos.
-En mi vida he estado en una morgue – y era cierto.
-Acabo de decirle que fue encontrada allí por unos médicos – recalco, yo negué con la cabeza – Estaba usted en el suelo desmayada.
-Estaba con mis amigas – dije, porque no tenía idea de lo que me estaban diciendo, ¿Qué diablos iba yo hacer en la morgue?
-Teniente – retomo la palabra tío Narciso – Creo que lo mejor será darle tiempo a que se recupere.
-Kari, por el amor de dios responde – volvió al ataque tío Guarionex – ¿Qué hacías en la morgue? Y ¿Por qué todos los cuerpos están decapitados?
Lo mire con rostro más que confuso, claro, por cómo me sentía mi rostro debió de adquirir la expresión de una persona loca perdida, porque todos arrugaron el rostro.
-Oficiales – intervino un doctor – No sabemos si la joven se desmayó por lo que vio y eso puede que le haya causado un shock, así que lo mejor es dejarla descansar.
Y así fue, los oficiales hablaron con mis tíos fuera de la habitación mientras yo le daba vueltas al asunto, porque lo último que recordaba era que estaba en un bar con mis amigas, ¿Qué había ido a buscar a la morgue? Y ¿Por qué me sentía tan extraña?
Mis tíos me sacaron del hospital y me llevaron a casa, me sorprendió ver a tío Guarionex conducir, nunca lo hacía para eso tenía chofer, pero este nos seguía en mi coche, tío Narciso se había marchado después de darme un beso y decirme que todo saldría bien, mire por la ventanilla el cielo azul que nos acompañaba, era de día y estaba confundida.
No dijimos nada durante el largo trayecto, mi tío parecía muy concentrado en el volante, como si le fuera la vida en ello, llegamos a casa y me ayudo a bajarme del coche, Mireya salió corriendo de la casa y se me acercó.
-Mi pequeña, ¿Estás bien? – así solía llamarme cuando estaba preocupada por mí, solo sonreí.
El chofer de mi tío le entregó las llaves de mi coche a Mireya y se subió al de mi tío.
-Mañana a las nueves vendré por ti – dijo mi tío – Y espero que tengas una buena explicación para entonces – asentí – Mireya, llévala a su habitación y que no salga de ahí.
Entramos en la casa, me dolieron las rodillas al subir la escalinata de la entrada y pensé que sería una peregrinación subir hasta mi habitación, Mireya no se cansaba de preguntar lo mismo, lo mismo que me preguntaba todo el mundo sin que yo tuviera la más mínima idea de lo que había ocurrido.
Llegamos al segundo nivel y suspire, me deje caer en la cama en cuanto estuvo a mi alcance, junto a la ventana había alguien que miraba hacia el exterior, como si estuviera en su casa, me estaba cansando de sus apariciones en mi habitación, pero no podía hacer nada, cerré los ojos y le di la espalda, Mireya se sentó en la esquina de la cama y me acarició el pelo.
-Kari, ¿Segura de que estas bien? – asentí con la cabeza – Es que estas muy pálida, será mejor que te prepare una buena sopa de pollo.
¿Porque todas las madres creen que los males se curan con una buena sopa de pollo?, es algo que no voy a entender nunca. Me dio un beso en la frente y se marchó, deje que el sueño me atrapara sin luchar con él hasta que me hundió en su mundo de fantasías.
Cuando volví abrir los ojos noté la mirada de tres pares más sobre mí, no eran espectros, eran mis amigas.
-Hola Kari – saludo Eli.
Sonreí y me senté en la cama, me sentía mucho mejor, la cabeza ya no me daba vueltas y las náuseas habían desaparecido, aunque sentía un ligero dolor en el cuello.
-Kari – dijo Evelin – Se que estas un poco loca, pero de ahí a ir a meterte a la morgue, no sé, tal vez para levantarte un muerto es estar enfermo – Eli la fulmino con la mirada.
-Evelin, hoy no estoy para tus estúpidos comentarios.
-Sí, lo siento.
-Cuéntanos Kari – dijo Carolina sentándose a mis pies – ¿Qué hacías en la morgue?
-No lo sé, les juro que después de que deje a Eli en su casa anoche, me vine directamente a la mía – las tres se miraron con preocupación.
-Cuando dices anoche, ¿Te refieres a cuando estábamos en el bar? – inquirió Eli, yo asentí.
-Eso fue el viernes pasado Kari – me aseguro Carolina – Hoy es martes.
-Imposible.
Eli se sentó a mi lado y me pasó una mano por los hombros, yo trataba de asimilar todo aquello, porque ¿Cómo era posible que fuera martes?
-¿Estás bien? – preguntó Eli.
-¡No! – grité – Todo el mundo me pregunta lo mismo, ¿Kari estas bien?, ¿Kari qué hacías en la morgue?, estoy harta, no sé qué diablos buscaba en la morgue, lo último que recuerdo es que llegue a casa pasado las dos y me metí en la cama.
-Cálmate – me aconsejo Evelin.
-¿Cómo voy hacerlo?, no te das cuentas que de la noche a la mañana he olvidado cuatro días de mi vida.
No lo dije con tristeza, más bien con ira, ¿Qué me había pasado?, ¿Cómo he podido perder la memoria?, y ¿Que buscaba en la morgue?, la cabeza empezó a dolerme y me sentí mareada nuevamente, eran demasiadas preguntas sin respuestas, Mireya entró en la habitación en ese instante llevando una bandeja en la mano y algo humeante sobre ella, me miró y luego a mis amigas.
-Lo siento chicas pero tendrán que marcharse, Kari necesita descansar.
Carolina se puso de pie y Eli también, prometieron ir a verme el día siguiente y se marcharon.
Mireya me obligo a tomarme la sopa de pollo, porque lo menos que me preocupaba era comer, tenía que averiguar qué me ocurría y ver donde estaban los recuerdos de mis últimos días, ¿Por qué diablos no tenía un diario como todas las chicas de mi edad?, cierto, porque no soy como todas las chicas de mi edad.

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