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Blanco

Blanco ( 21-04-2016 )

Género: Histórica. Aventuras.
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Prólogo
(1849 – 1867)

Era 1849, la fiebre del oro había comenzado, más de 80,000 busca fortunas habían ido a California en busca de riqueza y prosperidad, entre ellos no sólo habían estadounidenses sino también mexicanos, españoles, ingleses, chinos peruanos y muchos más.

Tomás Blanco había salido de San Fernando, un pequeño pueblo de Chihuahua, en la frontera de México y Texas, en busca de una vida mejor. Se había enterado de la migración masiva a los Estados Unidos y de las oportunidades de riqueza que se estaban dando. Era un hombre joven, tenía veintitrés años, un tipo un tanto alto de estatura, de piel clara, pelo café oscuro que siempre llevaba corto y despeinado, muy delgado, sus ojos eran color café, siempre llevaba un bigote alborotado y la barba mal rasurada. Tenía un carácter alegre, disfrutaba del tequila pero no solía emborracharse tan a menudo.
Dejó a su familia, su hermana Nina y su madre Teresa. Su padre había sido un viajero estadounidense que había pasado por San Fernando, Tomás llevaba el apellido de su padrastro pues nunca supieron el del padre. Su hermana era hija del mencionado padrastro, un militar mexicano con quien se había casado su madre unos años después de nacido Tomás. Aquél militar murió de cirrosis tres años antes quedándose él a cargo de su familia.

Tomás tomó algunas de sus poca pertenencias, un viejo burro y algo de ropa para aventurarse a una nueva vida del otro lado de la frontera. Y así se convirtió en uno de los “forty-niners”, llamados de esa manera debido al año de la gran inmigración.

Al llegar, después de un largo viaje, Tomás se instaló en un campamento en las orillas de un pequeño arroyo de California, en las cercanías de San Francisco, que en esos momentos era una aldea diminuta. Tomás hablaba poco inglés pero logró crear una buena amistad con un estadounidense llamado Earl Harris, un hombre de su misma edad, bebedor y apostador, pero buena persona, era rubio y muy alto, bastante más alto que Tomás y que la mayoría, además era muy fuerte, siempre llevaba una barba muy tupida aunque no demasiado larga, normalmente era tranquilo pero de vez en cuando se metía en problemas en las cantinas, le gustaba participar en peleas, peleaba bien, había salido de Oregon un año antes en cuánto se enteró de la fiebre del oro. Harris ya había acumulado una considerable suma de dinero, aunque gran parte de lo ganado lo gastaba en alcohol, mujeres y apuestas, sabía muy bien donde prospectar el oro y le enseñó a Tomás todo lo que sabía.

Tomás ahora era conocido como Tom Blanco, aprendió rápidamente el inglés y se adaptó sin problemas, no pasó mucho tiempo hasta que Tom se había forrado de dinero, en poco tiempo la pequeña aldea de San Francisco se había convertido en una ciudad, se habían construido ferrocarriles y puertos marítimos, el barco de vapor se puso al servicio de la ciudad y surgieron muchos pueblos alrededor de la zona, el lugar estaba creciendo impresionantemente en cuanto a población y expansión territorial. Durante la fiebre del oro era muy común que cada prospector cargara con armas de fuego para su protección. Tom aprendió a disparar con un revólver Colt que había conseguido apostando al póker en una cantina de las afueras de Sacramento, a donde solía ir muy seguido, era el reciente modelo creado por Samuel Colt de seis tiros.

Al poco tiempo de prospectar oro, Tom se dio cuenta de que la verdadera fortuna no venía a aquellos que buscaban el precioso metal, sino para aquellos que vendían las herramientas necesarias para la ardua tarea, así que junto con Harris se dedicó a comerciar con herramientas aprovechando sus contactos en Sacramento y San Francisco. Incluso llegó a conocer al mismísimo John Sutter, el hombre responsable de la gran migración, la fiebre del oro y fundador de Sacramento.

La fiebre del oro duró hasta 1855, Tom ya tenía 28 años y suficiente dinero así que decidió dedicarse a la agricultura junto con su amigo Harris, a quién llamaba siempre Earl.

Tom se había casado con la hermana de Earl tres años atrás, una prostituta de San Francisco llamada Mary Harris, que había salido de Oregon junto con su hermano, era una mujer guapa de rasgos finos, pelo café, ojos verdes, delgada y de caderas anchas, no muy alta como su hermano, tuvieron un solo hijo, Guillermo Blanco a quién llamaban Bill, o William. Se dedicaron varios años a la agricultura trabajando en una granja cerca de la ciudad. Tom había ahorrado la mayor parte de su dinero para algún día regresar a México, pero sus ideas habían cambiado, ahora quería irse a vivir a Nuevo México o Texas y ser dueño de un rancho para convertirse en ganadero.

En 1860 Tom partió con su familia en busca de un rancho dónde trabajar llevando consigo a Earl, compró una diligencia con cuatro caballos y emprendió su viaje hacia las llanuras del oeste.

Después de la Anexión de Texas en 1845, los mexicanos que permanecieron en el territorio fueron considerados ciudadanos estadounidenses y el tratado de Guadalupe Hidalgo estipuló que sus posesiones serían respetadas así que muchos mexicanos permanecieron en Texas, Tom y Earl consiguieron trabajo como vaqueros para un ganadero mexicano dueño de un pequeño rancho. El hombre se llamaba Don Miguel Suárez, era un hombre de baja estatura, regordete y muy fuerte, de piel muy morena y carácter también muy fuerte pero a la vez muy noble, trataba a sus empleados con respeto y dignidad pero no toleraba ninguna falta y sus reprimendas eran severas, era dueño de varias cabezas de ganado, estaba casado con una mujer mexicana llamada Aurora que rara vez salía de casa, ninguno de los empleados la conocía bien, habían tenido un hijo pero por alguna razón jamás lo mencionaba. Era extraño pues la discriminación era bastante común, Don Miguel siempre había tenido problemas, intentaron estafarlo y defraudarlo muchas veces como había pasado con otros mexicanos, pero su fuerte carácter lo hizo mantenerse firme y les fue imposible engañarlo.

Don Miguel pagaba un dólar al día a sus vaqueros y los armaba con un fusil Volcanic y un caballo para cada uno, tenía un total de siete vaqueros a sus órdenes para arrear a treinta cabezas de ganado aproximadamente. El rancho era pequeño, constaba de una casa principal, un corral, un granero y cuatro cabañas donde vivían sus empleados. Las cabañas eran grandes, se dividían en varias habitaciones para que las familias de los empleados vivieran ahí, tenían cuatro pequeñas habitaciones y una cocina con un comedor grande. Tom y Mary dormían en un cuarto, Earl y Bill en otro y los demás cuartos estaban ocupados por otros empleados del rancho.

Tom y Earl trabajaron ahí durante el año siguiente, sus tareas consistían en arrear ganado, de vez en cuándo se les encomendaba la labor de marcar mavericks, que eran las vacas que no tenían dueño o vivían libres por el campo, también era tarea de ellos capturar algunos caballos salvajes, alimentar gallinas, ordeñar vacas, en fin, cuándo no estaban arreando ganado hacían todo tipo de cosas, además de servir de protección a su patrón contra cuatreros y bandidos.

Llegó 1861 y la guerra de secesión comenzó, Los estados del norte, La Unión, reclutaban personas para luchar, y como Earl era nacido en Oregon se enlistó para pelear. Otros cuatro vaqueros del rancho se enlistaron para luchar del lado de los Confederados del Sur. La época no era buena para los ganaderos, sus empleados partían a la guerra y la situación se tornó muy difícil, haciendo que Don Miguel vendiera la mayor parte de su ganado a precios muy bajos.

Bill ya tenía nueve años, era un chico curioso, muy parecido a su padre, piel blanca, ojos verdes como su madre, era un muchacho alto para su edad, solía jugar con los hijos de los demás vaqueros, aprendió a leer y acompañaba a su padre a realizar algunas tareas en el rancho, sabía hablar inglés y español, estaba muy interesado por la ganadería y el oficio de vaquero.
Tom entabló una muy buena amistad con George Willis, hijo de otro vaquero del rancho que había ido a la guerra, no tenía madre, era un joven de dieciocho años, le gustaba trabajar con Tom pues aprendía mucho y le fascinaba escuchar historias sobre México y la fiebre del oro, George era muy delgado, nada fuerte, tenía todos los dientes chuecos, era pelirrojo y con pecas en la cara, no era un muchacho muy inteligente, solía preguntar las mismas cosas una y otra vez, pero a Tom le gustaba el muchacho, le quitaba lo aburrido a las tareas de todos los días.

Milagrosamente el rancho se mantuvo los siguientes cuatro años, hasta que la guerra terminó, para ese entonces Tom había ahorrado la mayor parte de sus ganancias, tenía todos los ahorros de su vida junto con los ahorros de Earl metidos en un pequeño cofre. Bill ya tenía catorce años y era un joven fuerte e inteligente, le gustaba leer todo tipo de cosas, en especial noticias y uno que otro libro que lograba conseguir, había aprendido mucho sobre el oficio de vaquero, Tom le había enseñado a disparar y tenía una excelente puntería.

Al terminar la guerra, el saldo de muertos había sido muy alto, los confederados habían perdido dejando un saldo de 258,000 muertos entre los cuales 93,000 eran caídos en combate. Por fortuna Earl había regresado de la guerra en una sola pieza. Pero por desgracia el padre de George no regresó, había muerto unas semanas antes de terminada la guerra víctima de la enfermedad. Tom cuidó de George y lo adoptó como su propio hijo aunque éste ya era un joven de veintidós años. Bill y George tenían una buena relación, solían ir a disparar juntos, Bill le enseñó a leer, Mary también le tenía mucho afecto. Ahora George era también un empleado del rancho y realizaba las tareas de su difunto padre.

Los años siguientes fueron muy prósperos para el rancho, Texas mandaba su ganado hacía el norte del territorio donde era distribuido, el trabajo para los vaqueros se intensificó, llegaban a recorrer desde 16 a 25 kilómetros al día.









Capítulo 1
Acorralados
(1867)


Una mañana Tom despertó temprano, debía emprender un viaje hacia el norte con el ganado, no quiso molestar a Mary así que la dejó dormir y no hizo mucho ruido, tuvo que vaciar un recipiente de agua sobre la cabeza de Earl para despertarlo pues la resaca le impedía levantarse de la cama. Earl ahora era un hombre que parecía mayor debido a su tiempo de servicio en la guerra, había engordado bastante los últimos años y se le empezaban a notar algunas arrugas en la cara y canas en la barba y la cabeza.
Ambos salieron de la cabaña y cargaron sus fusiles Volcanic, Earl también tenía una pistola Volcanic y Tom seguía con su revolver Colt de seis tiros. Se reunieron con los demás vaqueros en la entrada del corral, George ya estaba ahí, en total eran once vaqueros que debían atravesar Texas y Oklahoma para entregar el ganado a Kansas, iba a ser un viaje largo de varias semanas. Don Miguel salió de su casa preparado para emprender el viaje. –Bien muchachos, ya estamos todos listos, emprendamos el viaje, abran el corral y saquen a las reces, yo voy a marcar el camino, ya saben que hacer, manténganse muy atentos, han habido noticias sobre una banda de cuatreros que roba en los límites de Texas, al norte cerca de nuestra ruta, al menor indicio de peligro, no duden en desenfundar sus armas.- dijo Don Miguel mientras montaba a su caballo torpemente.

Los vaqueros abrieron el corral y subieron a sus caballos, las reces comenzaron a salir ordenadamente de aquella austera empalizada, Earl, Tom y George iban juntos siempre durante el camino, Earl seguía un poco borracho desde la noche anterior, tenía un aspecto cansado y devastado que a Tom y a George les causaba gracia.
Earl era bastante parlanchín, siempre tenía algo que decir o qué contar, durante las primeras horas del camino se dedicó a parlotear sobre varias de las mujeres que había conocido en su vida.
-Tuve varias novias de joven en Oregon y California, sí señor, ahí era considerado todo un rompe corazones, pero la más bella de todas sin duda era Lucy Reynolds que trabajaba en una taberna local, esa si era toda una mujer, hacía el amor como ninguna otra, nunca estaba satisfecha no importa lo que hicieras, estaba loca por mi.- Dijo Earl orgulloso.
-¿Por qué nunca se casó señor Harris?- Preguntó George.
-De eso nada muchacho, una cosa es cortejar mujeres y pasar un buen rato, y otra muy distinta es aguantarlas todo el maldito día. Verás muchacho, cuando te casas con una mujer estás adquiriendo el paquete completo.- Contestó Earl en tono de burla sin poder ocultar una maliciosa sonrisa.
-¿A qué se refiere con el paquete completo?- Preguntó de nuevo George.
-Verás, no sólo tendrás que aguantar a tu mujer, que a la larga se hará vieja y comenzará a quejarse de todo, sino que también habrás de aguantar a su familia, tu suegra, tu suegro, tus cuñados…- Earl no terminó de hablar pues Tom lo interrumpió.
-¡Ja! si sí, es terrible, sobre todo los cuñados.- Tom sonrió y Earl le devolvió una sonrisa sarcástica.
-A lo que me refiero es que siempre van a estar detrás de ti, buscando la manera de hacerte enojar, después tu esposa querrá tener hijos y créeme, nunca es suficiente con uno sólo, siempre quieren tener más, y siempre pidiendo más y más dinero, es un fastidio, hazme caso en esto muchacho, desde el momento en que te casas, gastas el doble y disfrutas la mitad.- Todos echaron a reír, incluso George aunque le tomó un tiempo entender la broma pues era algo lento pensando.
Earl continuó. -Sin embargo, mis días de Don Juan han terminado, no soy el jovencito que era antes y no hay una mujer en kilómetros a la redonda del rancho que no de amor a cambio de dinero, aunque tengo que confesar que durante la guerra conocí a una que otra muchacha, en tiempos tan difíciles como esos, la gente es capaz de cualquier cosa por algo de dinero, si sabes a lo que me refiero.-
-¿Vio mucha acción durante la guerra señor?- Volvió a preguntar George, era una de sus características, el muchacho tenía poco que contar pero mucho qué preguntar, a Earl le gustaba, por lo menos alguien le estaba prestando atención, los demás vaqueros normalmente lo ignoraban pues solía contar las mismas historias una y otra vez y no estaban seguros de que todo aquello fuera completamente real.
-Por supuesto que sí, ya lo creo, yo tomé parte en las batallas contra la fortaleza de Vicksburg y la toma del río Mississipi, conocí al mismísimo general Ulysses S. Grant, llegué a estrechar su mano en alguna ocasión.-
Tom, que iba a un lado de Earl le dio un codazo disimulado para hacer que se callara, la guerra había terminado pero muchos de los vaqueros que los acompañaban habían sido parte del ejército Confederado, y si no, al menos tenían familiares que lo habían sido, como el padre de George, era mejor que no se tocara el tema pues muchos hombres aún veían con malos ojos a Earl por ser soldado veterano del ejército de la Unión.
Earl decidió guardar silencio por un rato hasta que algunos de los vaqueros comenzaron a cantar y se les unió. Cantó la mayoría de las canciones hasta que comenzaron con “Dixie Land”, el himno de los Confederados, en ese momento prefirió guardar silencio y Tom le hizo un gesto de advertencia para que mantuviera la compostura y no hiciera ningún tipo de reclamo.

Los siguientes días fueron tranquilos, caminando por el enorme territorio de Texas, acampando bajo las estrellas, algunas noches se quedaban en algún pueblo que quedara de paso, a mitad del camino se les unió otro grupo de vaqueros que llevaban ganado también a Kansas, era mejor viajar juntos, el otro jefe ganadero se llamaba Lionel Adams, era un hombre viejo, demasiado flaco y encorvado, muy agradable y estaba completamente en contra de la violencia por lo que no llevaba armas, sin embargo sus vaqueros sí las portaban.
Continuaron el viaje juntos, Earl hizo amistad con el señor Adams, tenían mucho en común, aunque el viejo se veía acabado, tomaba como un cosaco, él y Earl bebían wisky como si se fuera a acabar el mundo. El viaje continuó tranquilo, estaban a pocos kilómetros de la frontera con Oklahoma y decidieron parar en un pueblo a hacer noche. El lugar se llamaba “Big Horn”, estaba abarrotado de personas que iban de paso, cualquiera que fuese hacía Oklahoma, debía pasar por aquél pueblo. Era bastante grande, tenía varios saloons y hoteles.
Los vaqueros entraron a un saloon, un pianista tocaba el piano en un rincón de la taberna, el lugar era de dos pisos, tenía una barra al fondo con un cantinero encargado de las bebidas, mesas con personas jugando a las cartas y una que otra prostituta ofreciendo sus servicios. Tom y George fueron directo a la barra y ordenaron cada quién un wisky, Earl se sentó junto con el viejo Adams en una mesa de juego, el lugar estaba muy alegre, todos bebían, jugaban y cantaban. Un hombre se les acercó a Tom y George para platicar, mantuvieron una larga conversación con él, parecía un sujeto muy agradable, al parecer había renunciado a su trabajo de ayudante en una barbería de un pueblo cercano para buscar trabajo en Oklahoma, el hombre se presentó como Gus. –Mira a esas mujeres muchacho, apuesto a que no te irás de aquí sin probar a alguna.- dijo el hombre dirigiéndose a George, Tom soltó una risa discreta.
–No lo sé señor, la verdad es que yo nunca… bueno… no sabría qué hacer.- le contestó George avergonzado.
-Pero ¿Qué dices? ¿Qué nunca has estado con una prostituta?-
-En realidad nunca he estado con una mujer señor.- Contestó el muchacho aún más apenado. El hombre soltó una carcajada. Del otro lado del salón, Earl escuchó todo y también rio, se levantó de su asiento y se dirigió hacia George. –No lo puedo creer muchachos, pues hoy es tu día de suerte.- Dijo Earl y con la mano llamó a una joven prostituta que estaba al pié de la escalera, sonriente esperando a algún cliente, ésta se acercó –Dale un buen servicio a este muchacho, se gentil con él.- Earl le dio un billete de a un dólar y la chica tomó a George de la mano y lo dirigió escaleras arriba, el joven iba feliz, pero a la vez nervioso, Tom, Earl y el otro hombre rieron y brindaron por la suerte del muchacho. Earl había perdido la partida de póker, así que no regresó a la mesa, se quedó conversando con aquél hombre, Tom se retiró a una habitación a descansar.

Earl seguía bebiendo, estaba bastante borracho, platicó varias horas con aquél agradable sujeto, él le contó sobre su trabajo de asistente de barbero y Earl le platicó sobre el ganado que debían llevar hasta Kansas, le dijo cómo se habían unido al grupo del viejo Adams y cuántas cabezas de ganado estaban transportando, le explicó la ruta que llevaban y por dónde iban a pasar, el hombre le dio algunos consejos para evitar algunas zonas difíciles del camino pues había recorrido esa ruta varias veces, el resto de la noche hablaron sobre las experiencias de Earl en la guerra hasta que el cansancio los venció y se retiraron a dormir.

A la mañana siguiente muy temprano, los vaqueros se levantaron y reunieron a todo el ganado, el grupo de Don Miguel y el del viejo Adams emprendieron el viaje juntos de nuevo. George estaba contento, no paraba de contar su experiencia a todos los demás vaqueros quienes reían y lo vitoreaban, el día estaba un poco nublado, caminaron durante varias horas, Earl se acercó a Don Miguel y al viejo Adams que iban a la cabeza conversando, para advertirles de las dificultades del camino, les indicó que más adelante habría un desfiladero, que sería mejor rodearlo aunque se desviaran unos kilómetros, caminarían por un cañón y así evitarían el precipicio, el viejo Adams no estaba seguro, ya había recorrido aquella ruta un par de veces, pero Don Miguel no tuvo objeción, hicieron caso a Earl y continuaron el camino por la dirección que les indicaba.

Entraron en un amplio cañón, dos gigantescas paredes de roca se encontraban de cada lado del grupo, el cañón se extendía varios kilómetros a lo largo. Siguieron avanzando por aquél pasillo de rocas y unas horas después se sorprendieron al darse cuenta de que no habían evitado un desfiladero sino que se habían topado de frente con uno, al final del cañón había una caída de unos cuarenta metros de alto, se detuvieron y ahora tenían que regresar, Earl estaba confundido. ¿Le habrían dado mal las indicaciones? ¿O habría seguido mal las sugerencias del hombre en la taberna? Unos instantes después, a lo lejos aparecieron unas siluetas, iban a caballo y se acercaban a gran velocidad, ¿Quiénes serían? Se acercaban más y más, todos estaban confundidos, cuándo al fin comenzaban a distinguirse las figuras, empezaron a disparar al aire, eran cuatreros que se acercaban rápidamente cabalgando, una banda de quince y los tenían acorralados contra el desfiladero, algunas reces se asustaron por el sonido de los disparos y comenzaron a correr cayendo hacia el precipicio a una muerte segura, Earl y Tom alcanzaron a distinguir a uno de los cuatreros, era aquél hombre del saloon, Gus, el asistente de barbero con quién habían platicado. –Maldita sea Earl. ¿Qué demonios le dijiste?- le preguntó Tom a su cuñado, furioso.
–No lo se Tom, hablamos de muchas cosas, maldita sea, nunca pensé que me fuera a engañar, ¡Hijo de perra! ¿Qué vamos a hacer?- Contestó Earl angustiado y asustado mientras intentaba apaciguar a su caballo.
-¡Desenfunden muchachos! No vamos a dejar que estos desgraciados nos roben el ganado, no llegamos hasta aquí en vano.- Gritó Don Miguel, los vaqueros se voltearon a ver asustados unos a otros, no estaban seguros de qué hacer, entre los hombres del viejo Adams y los de Don Miguel sumaban veinte vaqueros, tenían la ventaja en numero pero estaban acorralados, no tenían a dónde huir.
Tom sacó su fusil Volcanic y sin vacilar apuntó al primer cuatrero que vio, estaban a unos treinta metros de distancia, se acercaban a toda velocidad, disparó su fusil y uno de los cuatreros cayó de su caballo, los demás vaqueros hicieron lo mismo, sacaron sus fusiles y apuntaron, un estruendo resonó en aquél lugar, veinte disparos al mismo tiempo, dos cuatreros más cayeron de sus caballos, heridos, los demás se separaron, desmontaron y buscaron refugio en unas rocas, se habían atrincherado, también disparaban sus fusiles y sus pistolas. Las reces salían corriendo, los vaqueros no podían disparar y controlar al ganado así que más animales cayeron al precipicio. Los disparos de los cuatreros impactaban en algunas reces, tres vaqueros cayeron heridos y uno cayó muerto, George se atrincheró detrás de una res muerta. Tom bajó de su caballo y corrió hacia un extremo dónde había una roca suficientemente grande para resguardarse, Earl lo siguió. Los disparos continuaban, dos cuatreros más habían caído al igual que dos vaqueros, quedaban quince vaqueros contra diez cuatreros, los disparos no cesaban. –Ríndanse, los tenemos atrapados.- gritaba uno de los bandidos. Don Miguel que estaba pecho tierra en el suelo apuntando con su pistola contestaba. –Animales, cobardes, vamos a acabarlos pedazos de mierda, no saldrán vivos de aquí.- disparaba con furia su pistola, las balas enemigas pasaban zumbando junto a él.
-Tom, dispara hacia aquella roca, cúbreme para que pueda apuntar bien a aquel bandido.- Le dijo Earl a Tom. Tenía experiencia de combate por la guerra, sabía lo que hacía, Tom hizo lo que se le pidió, disparó su rifle contra tres cuatreros resguardados tras una roca errando los tiros pero evitando que pudieran asomarse y apuntar, Earl apuntó con cuidado hacía uno de los cuatreros que estaba pecho tierra en el suelo disparando y jaló del gatillo, la bala le dio directo en la cabeza atravesando el sombrero y esparciendo sus sesos por el suelo, uno menos. Dos vaqueros más habían caído heridos, el Viejo Adams intentó correr hacia una orilla con arbustos secos pero su edad le impidió ir lo suficientemente rápido y una bala lo alcanzó en un costado, cayó al suelo y se quedó ahí, inmóvil. George salió de su resguardo para correr hacia aquella orilla que el viejo Adams no pudo alcanzar, las balas rebotaban en el suelo a milímetros de sus talones, desde su nueva posición tenía a los tres cuatreros resguardado en la roca a plena vista. Tom siguió disparando hacia aquella piedra para mantenerlos agachados. George salió de su rincón, apuntó hacía los cuatreros y disparó, el primer tiro hirió a uno que cayó al suelo retorciéndose de dolor, los otros dos, asustados, salieron del escondite y corrieron, perfecto, los había hecho salir, Tom y Earl apuntaron y cada uno derribó a un cuatrero.
Quedaban siete bandidos contra trece vaqueros, estaban ganando, los bandidos restantes salieron de sus refugios y corrieron hacia sus caballos para retirarse cobardemente, dos cuatreros más cayeron al ser alcanzados por las balas de uno de los vaqueros del seños Adams, los otros emprendieron la retirada.
-¡Que no escapen!, a darles caza- Gritó Don Miguel. Se sentían victoriosos, tenían la moral por los cielos. Tom, George, Earl, Don Miguel y otro vaquero del grupo del viejo Adams montaron en sus caballos enseguida y emprendieron la cacería galopando a toda velocidad, persiguieron a los bandidos a lo largo del cañón, los demás vaqueros se quedaron intentando calmar al ganado y atendiendo a los heridos.
Mientras perseguían a los delincuentes, guardaron sus fusiles en las fundas a un costado de sus caballos y sacaron sus pistolas, serían más efectivas. Les llevaban diez o quince metros de distancia, los cuatreros disparaban hacia atrás pero no acertaban ni un tiro, Don Miguel iba a la cabeza, apuntando con su revolver Volcanic, se tomó unos segundos en apuntar y disparó, un cuatrero cayó de su caballo con el pie enredado entre las riendas, el caballo siguió corriendo arrastrando al hombre todo el camino mientras este daba alaridos de dolor. Los disparos resonaban estridentes haciendo eco en aquel largo cañón de piedra.
Earl no se tomaba tanto tiempo en apuntar, sólo disparaba, de siete tiros logró dar en el blanco a dos bandidos que cayeron del caballo y enseguida fueron aplastados por sus perseguidores. El cañón se dividió en dos caminos, los dos cuatreros restantes se separaron, cada uno tomó una dirección contraria al otro, Tom y George siguieron al que se fue a la izquierda, Earl, Don Miguel y el otro vaquero siguieron al de la derecha que resultó ser Gus, el hombre que habían conocido en la cantina.
Tom logró colocarse detrás del hombre que perseguía, a muy poca distancia. –Detente cobarde y posiblemente te deje vivir.- le dijo al cuatrero quién tomó su pistola y apuntó hacia atrás, disparó, la bala le pasó rozando la barbilla a Tom, haciéndole una cortada no muy profunda, Tom alcanzó al hombre y logró agarrarlo del cuello, de un jalón lo tiró al suelo y su caballo siguió galopando sólo hasta que se perdió de vista.
Tom bajó de su caballo, el otro hombre intentaba recuperarse de la caída, la sangre escurría desde la barbilla de Tom por toda la garganta hasta empaparle la camisa, el bandido tomó su arma para intentar disparar, pero Tom fue más rápido y le acomodó una patada directo en la mandíbula que hizo que el hombre cayera hacia atrás escupiendo sangre, Tom tomó su arma, apuntó al corazón del hombre en el suelo que tenía una expresión de terror en la cara.
Tom ya había matado hombres antes, en México, en una ocasión había tenido que defender a su familia de unos bandidos borrachos que intentaron violar a su hermana, entre él y su padrastro habían acabado con la vida de los dos bandidos.
Tom miró fijamente a los ojos a aquél hombre tendido en el suelo, el bandido abrió la boca para gritar pero en ese momento Tom disparó dándole directo en el corazón causándole la muerte instantánea.

Earl y Don Miguel seguían tras el otro infeliz, al parecer el hombre no podía de la desesperación, su caballo estaba cansado y no tenía escapatoria, dándose por derrotado se detuvo, levantó las manos y bajó de su caballo. –Me rindo, me rindo, por favor, tengan piedad.- dijo el hombre a punto de llorar.
Don Miguel bajó de su caballo, estaba furioso, no estaba seguro de cuántas reces le habían hecho perder ni cuántos de sus hombres habían caído, estaba dispuesto a matar a aquél hombre. A pasos agigantados se acercó al bandido, y de una patada en el estómago lo dobló y lo hizo arrodillarse mientras se llevaba las manos al vientre. Earl veía todo desde su caballo, desmontó y se acercó, Don Miguel tomó su pistola y apuntó directo a la cabeza del hombre, éste soltó un grito de terror pidiendo misericordia, pero el ganadero estaba decidido a matarlo cuando de pronto Earl lo tomó del hombro.
–Jefe, no lo haga, el hombre se ha rendido, hay que tener un poco de compasión, seguro nos darán alguna recompensa por él, es la manera más honorable.- le dijo intentando convencer a su patrón quién cerró los ojos, bajó el arma y dijo:
–Tienes razón, no hace falta desperdiciar una bala en basura como esta, átalo y súbelo a tu caballo.- Se alejó unos pasos hacia atrás.
-Muchas gracias, muchas gracias de verdad, lamento haberte engañado, lamento haberte dado la ruta falsa, ojalá no lo hubiera hecho.- Dijo el hombre empapado en lágrimas. Don Miguel dio un respingo, volteó a ver a Earl con ojos acusadores.- ¿Qué ha dicho? ¿Qué ha hecho qué? ¿Conoces a este hombre?- Le dijo furioso. Earl sacó su pistola enseguida, nervioso porque el hombre lo delatara de haber dado información en aquél bar y le disparó directo al corazón.
–Nada jefe, no sabía lo que estaba diciendo, seguro estaba borracho, vámonos de aquí, de todas formas no podemos cargar con él.- dijo Earl, un poco aliviado, al parecer Don Miguel no volvió a dar importancia al asunto y ambos regresaron con el grupo.

Se reunieron todos de nuevo, para entonces ya habían varios buitres volando en círculos por el cielo, cinco vaqueros estaban heridos, otros dos habían muerto, el viejo Adams estaba grave, seguramente no sobreviviría.
George revisó los bolsillos de todos los bandidos muertos, logró juntar cien dólares, seguramente robados y los repartió entre todos los demás vaqueros. Apilaron los cuerpos sin vida de los cuatreros y enterraron a los vaqueros caídos, no podrían cargar con los cadáveres, probablemente pasarían días antes de que pasaran por algún pueblo o ciudad. Posiblemente habría alguna recompensa por la banda de cuatreros pero les iba a ser imposible reclamarla, tenían que terminar el trabajo.

Los heridos no estaban tan graves salvo el viejo Adams que apenas y se podía mantener consciente, no habían sido muchas las reces que habían muerto, en total fueron seis, dos de Adams y cuatro de Don Miguel.

Siguieron su camino varias horas hasta que obscureció, acamparon en medio de la nada, encendieron una fogata, y se acostaron a dormir, nadie conversó aquella noche.
A la mañana siguiente Earl se despertó primero y preparó el café, el olor despertó a todos, se levantaron excepto el viejo Adams, Earl se le acercó para ver si estaba bien, pero el hombre había muerto. Se sentía culpable de alguna forma, él y Tom sabían que en parte era culpa suya pues había escuchado los consejos de un desconocido que resultó ser un bandido y lo había engañado.
Uno de los vaqueros del señor Adams, un hombre llamado Jack Lewis se le acercó y comenzó a llorar, al parecer el viejo Adams había sido muy bueno con ese hombre y había trabajado para él la mayor parte de su vida, Lewis era muy serio, en todo el camino se le había escuchado hablar en muy pocas ocasiones, era un hombre feo, de unos treinta años de edad, con un horrible bigote, pelirrojo, algo fuerte, era el mismo hombre que había perseguido junto con Tom, Earl y Don Miguel a los bandidos que intentaron escapar a lo largo del cañón.
Entre todos cavaron una tumba y enterraron al viejo Adams. El problema ahora era qué hacer con el ganado, el señor Adams no tenía hijos, sólo a su esposa, una anciana que estaba en su rancho esperando el regreso de su esposo y sus trabajadores.
-No se preocupen muchachos, llevaremos estas reces hasta su destino y entregaremos las ganancias a la señora Adams, me quedaré con cinco de las reces de Lionel y a cambio les ofreceré trabajo a ustedes, yo les pagaré el salario correspondiente.- Todos estuvieron de acuerdo, era un trato justo, Don Miguel seguiría pagando a los vaqueros de Adams el resto del viaje pero a cambio se apropiaría de cinco de sus reses.

El resto del trayecto fue tranquilo y sin ningún contratiempo, entregaron las reces al comprador que las iba a transportar en ferrocarril hacia el norte y regresaron a Texas.
Pasaron al rancho Adams a darle la noticia a la mujer y entregarle el dinero del ganado. Los vaqueros se despidieron, Don Miguel les pagó todos los días que habían viajado. Los demás regresaron al rancho de Don Miguel con sus familias.

Tom entró a su cabaña, su mujer preparaba la comida, al ver la herida de Tom en la barbilla le preguntó que había pasado, en ese momento entró Earl con Bill, Tom comenzó a relatar lo sucedido junto con su cuñado. A Bill le fascinaba escuchar historias como esa, leía bastante y le encantaban las noticias relacionadas con tiroteos y bandidos.
elchch
Autor: elchch (México)
Publicados: 1 textos

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